Para hacer una donación segura en línea, haga clic en el siguiente botón


On March 26 and 27, 2026, Ana María Rodríguez, Coordinator of the Bruno and Suzanne Scheidt Refugee Protection Program, participated in the workshop “The Mouth of a Shark: Forced Displacement and Civil Society Response” at the City University of New York (CUNY) Graduate Center. The event convened scholars, practitioners, and advocates working across migration, conflict, and climate contexts, providing a vital space to connect perspectives that are often addressed in isolation.
A key takeaway from these discussions was a fundamental shift in how forced displacement is understood. It is frequently treated as a purely humanitarian issue—a reactionary response after harm has occurred. However, the workshop emphasized that displacement is rarely sudden; rather, it reflects long-term processes, including the erosion of rights, the normalization of exclusion, and the weakening of institutions tasked with protection. By the time individuals are forced to move, these harmful dynamics have often been unfolding for significant periods.
Viewed through this lens, displacement is not only a crisis but a signal—an early warning that the conditions for further violence may already be in place. This perspective reinforces the fact that displacement is not inevitable; it is shaped by policy decisions, legal frameworks, and the narratives that define who is protected and who is excluded.
Importantly, these dynamics are not confined to a single region. Across diverse cases—from Gaza to the United States, and from Indigenous communities in Louisiana to migration systems in Latin America—strikingly similar patterns emerged. In all instances, while humanitarian response remains essential, it is insufficient on its own. Without addressing the structural drivers of displacement, international and local responses risk merely managing crises rather than preventing them.
The workshop also highlighted the increasingly constrained environment in which civil society operates, marked by dwindling funding and escalating political pressure. Yet, despite these challenges, civil society continues to act through advocacy, coalition-building, and community-led approaches that challenge the conditions producing displacement and work to reduce risk.
These reflections align closely with the work of the Auschwitz Institute for the Prevention of Genocide and Mass Atrocities (AIPG). Through the Bruno and Suzanne Scheidt Refugee Protection Program, the Institute approaches displacement not merely as a humanitarian concern, but as part of a broader process of escalating identity-based risk. Our work focuses on strengthening institutions, identifying early warning signs, and supporting preventative action before risks escalate into mass atrocities.
Ultimately, the workshop reinforced a vital point: if displacement is understood as a signal, then prevention depends entirely on our ability to recognize and act on that signal in time.
Los días 26 y 27 de marzo de 2026, Ana María Rodríguez, Coordinadora del Programa de Protección a Refugiadxs Bruno y Suzanne Scheidt, participó en el taller “La boca de un tiburón: Desplazamiento forzado y respuesta de la sociedad civil” en el Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). El evento reunió a académicxs, profesionales y defensorxs que trabajan en contextos de migración, conflicto y clima, brindando un espacio vital para conectar perspectivas que a menudo se abordan de manera aislada.
Una de las principales conclusiones de estas discusiones fue un cambio fundamental en la forma en que se entiende el desplazamiento forzado. Con frecuencia, este se trata como una cuestión puramente humanitaria: una respuesta reaccionaria que surge una vez que el daño ya ha ocurrido. Sin embargo, el taller enfatizó que el desplazamiento rara vez es repentino; más bien, refleja procesos a largo plazo que incluyen la erosión de los derechos, la normalización de la exclusión y el debilitamiento de las instituciones encargadas de la protección. Cuando las personas se ven obligadas a desplazarse, estas dinámicas dañinas a menudo se han venido gestando durante períodos prolongados.
Visto desde esta perspectiva, el desplazamiento no es solo una crisis, sino también una señal: una alerta temprana de que las condiciones para una mayor violencia ya podrían estar presentes. Esta visión refuerza el hecho de que el desplazamiento no es inevitable; está moldeado por decisiones políticas, marcos legales y las narrativas que definen quién es protegido y quién es excluido.
Es importante destacar que estas dinámicas no se limitan a una sola región. A través de diversos casos —desde Gaza hasta Estados Unidos y desde las comunidades indígenas en Luisiana hasta los sistemas migratorios en América Latina— surgieron patrones sorprendentemente similares. En todos los casos, si bien la respuesta humanitaria sigue siendo esencial, por sí sola resulta insuficiente. Sin abordar los factores estructurales del desplazamiento, las respuestas internacionales y locales corren el riesgo de limitarse a gestionar las crisis en lugar de prevenirlas.
El taller también destacó el entorno cada vez más restringido en el que opera la sociedad civil, marcado por la disminución de la financiación y la creciente presión política. Sin embargo, a pesar de estos desafíos, la sociedad civil continúa actuando a través de la incidencia, la creación de coaliciones y enfoques liderados por la comunidad que buscan desafiar las condiciones que producen el desplazamiento y trabajar para reducir los riesgos.
Estas reflexiones se alinean estrechamente con el trabajo del Instituto Auschwitz. A través del Programa para la Protección a Refugiadxs Bruno y Suzanne Scheidt, AIPG aborda el desplazamiento no solo como una preocupación humanitaria, sino también como parte de un proceso más amplio de escalada de riesgos basados en la identidad. Nuestro trabajo se centra en fortalecer las instituciones, identificar señales de alerta temprana y apoyar la acción preventiva antes de que los riesgos escalen hacia atrocidades masivas.
En última instancia, el taller reforzó un punto vital: si el desplazamiento se entiende como una señal, entonces la prevención depende enteramente de nuestra capacidad para reconocer y actuar sobre esa señal a tiempo.